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jueves, 11 de febrero de 2010

El Actor y su Ego

El egocentrismo y la necesidad de reconocimiento

Agradecimientos a Martín Castañeda por sugerir el Tema en Facebook y a Luis Alberto Urrutia por su aporte final. (Ambos colegas actores)



El artista en general, goza de una sensibilidad y vulnerabilidad que le permite estar en contacto emocional con todo lo que le rodea. Esto es fundamental para toda creación artística en la que se pide no pensar, sino sentir. Como el caso de la actuación por ejemplo, en la que estamos con las emociones a flor de piel, viviendo intensamente sobre un escenario una vida que no es la nuestra, sin embargo con herramientas que parten de nosotros mismos. Es decir, quizá el personaje este llorando intensamente por la muerte de su madre, pero el actor está utilizando un recurso propio y ajeno al del personaje para llegar a ese estado emocional extremo que requiere la escena.


Es por eso que somos tan susceptibles ante la crítica. Sentimos que al criticar nuestro trabajo al construir un personaje, están criticando no solo nuestra labor, sino a su vez, la parte de nosotros utilizada para llegar a ese personaje. Es decir, lo tomamos a un nivel personal.


La misma mecánica ocurre al momento de recibir un reconocimiento, o la falta del mismo. En el trabajo del actor, los reconocimientos más comunes y esperados son los de tus compañeros de trabajo, tu director y por supuesto, el aplauso de tu público. Hacer una comedia y no escuchar carcajadas del público puede ser una gran distracción al momento de actuar (es por eso que, dentro de la técnica que yo aplico, la concentración al otro personaje y a las circunstancias son la base de una realidad que a su vez logra la “soledad escénica” de la que tanto hablaba Stanislavsky).

Pero ¿Qué es lo que impulsa al actor ser actor? ¿Por qué elegimos una profesión en la que estamos expuestos y desnudos emocionalmente antes un público, y luego esperamos su aprobación y reconocimiento?

Según el psicoanálisis, podría estar ligado a exponerse, decir “miren quien soy y lo que puedo hacer” y luego esperar el aplauso, buscando así la aprobación de nuestros padres, que quizá nunca tuvimos, o no la asimilamos como nuestra. Teoría interesante, y sin duda alguna, en muchos casos cierta. Por experiencia personal, puedo decir que no se aplica para todos por igual. En mi caso, haciendo una sincera introspección, me doy cuenta que no busco la aprobación de mis padres en el público. Tampoco veo a mi director como una figura paterna, a la que no debo defraudar para recibir una aprobación. Ese no es mi caso.

Creo que lo mío va más por el lado de autosatisfacción de yo mismo saber que puedo hacer algo que no muchos pueden, sin buscar necesariamente el aplauso o la aprobación externa, pero para sentirme único como individuo y en ese aspecto especial.

Leonardo Torres Vilar, en sus clases, siempre recalca lo importante que somos los actores en la sociedad y lo únicos que somos, casi llevándonos a un nivel de deidad. Convirtiendo nuestra labor en una suerte de magia metafísica, alquimia a la que no todos tienen acceso. Eso nos hace sentir especiales. Un egocentrismo que sin embargo es sano, que NO debe perjudicar nuestra HUMILDAD al trabajar ni existir. No somos mejores que nadie, solo somos especiales.

En mi caso también esta relacionado con un temor a la muerte. Siento que algún día llegaré a la inmortalidad en la mente y recuerdos de todos los que alguna vez apreciaron mi arte. Eso me hará inmortal. Todo esto a raíz de un epitafio que vi cuando era muy niño: “Mientras alguien me recuerde, yo seguiré vivo”.

Termino con un comentario que dejó el colega Luis Alberto Urrutia en mi Facebook cuando se propuso el tema:

“…uno no debe hacer arte en función al reconocimiento, uno debe buscar ser creativo en función al desarrollo de la cultura, estar al servicio del resto y mejorar para ofrecer lo mejor, el reconocimiento es solo una consecuencia natural de lo anterior, no debe ser nunca un objetivo.”

ESTOY COMPLETAMENTE DE ACUERDO.


"El actor debe tener el Corazón de un niño y la piel de un Rinoceronte."

domingo, 13 de diciembre de 2009

"Griegos y Troyanas": El Estreno



El miércoles pasado fue el estreno de “Griegos y Troyanas”. Para nosotros, los del elenco, la aventura inició a las 4:00pm cuando iniciamos un ensayo técnico. Es decir, solo pasábamos los inicios y finales de las escenas que requerían pistas musicales, sonidos o de luz. A las 5:00pm iniciamos el ensayo general. Es decir, una pasada de toda la obra como para pulir y mejorar unos últimos detalles de marcación y dirección. A las 7:00pm ya estábamos cada uno a nuestro libre albedrío como para calentar y alistarnos antes de que den sala a las 7:50pm. Era interesante ver como cada actor/actriz tenía un calentamiento distinto y una forma única de manejar el nerviosismo. Al calentar voz y dicción sobre el escenario y con el telón aún abierto llegué a tomar esta foto desde mi celular: La imagen de las butacas vacías del Teatro Británico (que en pocos momentos estarían llenas de gente ansiosa por vernos).
Llegó la hora. Son las 7:50pm así que a salir del escenario y a maquillarse (en mi caso solo simular canas a los lados de mi cabello para darle más edad a mi personaje). En eso escuchamos: “Primera llamada”. Es ahí cuando los nervios del elenco se exacerban y como por arte de magia revisan una y otra vez si todo su utilería y vestuario esta en orden y a la mano. Cuando ya todos estaos cambiados y listos suena a lo lejos: “Segunda llamada”. En ese momento yo estaba muy tranquilo, aunque solo me preguntaba una cosa “Que acaso no vamos a hacer MIERDA”. Juntar al elenco con el director, decir unas palabras, juntar todas nuestras manos y gritar a todo pulmón ¡¡¡MIERDA!!! Antes de una función, no solo nos da fuerzas y energías, sino que también nos recuerda que llegó el momento en que se viera toda esa chamba invertida durante meses, chamba que hicimos juntos. Entonces bajó el director de la cabina, nos convocó a todos, dijo unas palabras de aliento sinceras, juntamos las manos y todos juntos al unísono…¡¡¡MIERDA!!!....y luego silencio. “Tercera llamada”.
El sonido del telón alzándose marca el momento en el que ya no hay retorno. El primer texto de la primera actriz que habla…y el resto es magia. Parece mentira pero para el elenco, una obra que dura una hora y media parece que durara veinte minutos tras camerinos. El tiempo ya no es un elemento real, sino un camino blando en donde ya no caminamos, sino flotamos. Llega el momento de salir a escena por primera vez. Los nervios desaparecen y empiezas a vivir y a existir en escena como el personaje. Cada cosa que dices las dice el personaje, reaccionas como el personaje, respiras como el personaje. Sin que te dieras cuenta, gracias a que haz vivido intensamente todo a tu alrededor, el tiempo pasó y la obra terminó. Ser cierra el telón por un breve instante y luego se vuelve a abrir. El primer contacto con el público que fue a verte. Y descubres, el aplauso. Les gustó. Primera reverencia, segunda reverencia...y como el público sigue aplaudiendo, tercera reverencia. Un éxito. Se cierra el telón y la historia se repite una vez más. Si, son dos funciones seguidas.
Al terminar las dos funciones (agregando por supuesto el ensayo técnico y el ensayo general), terminamos física y emocionalmente molidos. Pero hay q salir y saludar a las personas que amablemente fueron a verte y desean con ansias darte un abrazo.
Una de estas personas fue Alonso, alguien que conocí en Twitter y que es también un apasionado de la actuación, que además tiene un Blog muy interesante en el que escribió sus apreciaciones de la obra. El link es este: http://elteatrodemivida.wordpress.com/ .
Pablo Guerra estuvo tomando fotos durante la función, las cuales prometo publicar apenas las tenga en mi poder. Las fotos que ven en esta entrada son de la sesión de fotos previa a la obra, también tomadas por Pablo Guerra.
No se pierdan “Griegos y Troyanas” que aún queda una fecha: Miércoles 16 a las 8pm o a las 9.30pm en el Teatro Británico de Miraflores. ¡Ingreso Libre!